Con solo 24 años, Jaime, Nacho y Cosme, y con 22, Jorge, han conseguido crear Pompeii, que prevé facturar 2 millones de euros en su segundo año de vida

La falta de motivación mientras cursaban sus estudios universitarios fue una de las principales razones por las que cuatro amigos decidieron hacer un cambio en sus vidas, dejar la comodidad de sus trabajos y aventurarse con la creación de una empresa de e-commerce llamada Pompeii. El sector elegido, la moda, a pesar de no tener conocimientos previos sobre este mundo. “No hicimos ni un estudio de mercado previo”, cuenta Jaime Garrastazu, uno de los fundadores.

El equipo fundador de Pompeii

Su pasión son las zapatillas y por ello apostaron. ¿El resultado? Una facturación de 500.000 euros el primer año. Ahora saben que el camino a recorrer se centra en crear un ADN sólido para conseguir crear una gran marca. Con ello, no solo pretenden seguir conquistando al consumidor español, sino también salir al extranjero: Francia e Inglaterra, principalmente.

Hablamos con Jaime Garrastazu, de 24 años, co-fundador, junto a sus tres socios —Jorge Vidri, de 22 años; su hermano Nacho, de 24; y con la misma edad, Cosme Bergareche—, de Pompeii, una marca especializada en zapatillas que ha cautivado a internet.

– ¿Qué relación previa existía con tus socios?

Somos todos de Madrid, amigos del cole. Íbamos juntos Nacho, Cosme y yo, Jorge iba a otro curso. Jugábamos a fútbol y Cosme y yo somos vecinos. En la universidad cada uno tomó su camino, pero seguimos en contacto.

– ¿De dónde sale el nombre Pompeii?

En la asignatura de Historia, en el colegio, nos hablaban de la ciudad de Pompeii, que resurgió de sus cenizas. Un día en casa de Cosme se nos ocurrió hacer zapatillas, pero por el camino lo dejamos parado porque yo me fui de Erasmus y Nacho se fue de prácticas a Londres. A los seis meses lo volvimos a reabrir. Así que el proyecto resurgió de sus cenizas.

Cada modelo de Pompeii tiene el nombre de un tipo de avión de papel, ya que este objeto es el logo de la marca

– ¿Y cómo siguió la historia?

Todos compartíamos una misma inquietud, y es que nos faltaba algo en nuestras carreras universitarias. Siempre hemos tenido inquietud de emprender, por ejemplo, yo compraba zapatillas y se las vendía a mis amigos antes de hacer esto… Un día Cosme nos sentó a todos y nos dijo que quería montar algo relacionado con la ropa. En ese momento había muchas startups de jóvenes haciendo ropa, sobre todo sudaderas, y para hacer algo diferenciador desde el principio, y en lugar de empezar por lo que es más factible, comenzamos con zapatillas. La formación que teníamos era de Dirección y Administración de Empresas, pero nada de textil, moda, internet… que es lo que hacemos hoy.

– ¿Y qué es lo primero que hicisteis?

Le preguntamos a Google dónde se hacían zapatillas. Nos dijo que en Elche, y cogimos las Páginas Amarillas y empezamos a llamar a todas las empresas. El problema es que cuando llamábamos no nos tomaban en serio. A medida que íbamos hablando por teléfono con estas empresas fuimos adquiriendo el vocabulario que encajaba con el sector. Y al final teníamos un discurso decente y conseguimos cuadrar reuniones allí.

Y sin pensárselo, pasaron al ordenador —¡con el programa Paint!— un diseño que tenían, prepararon un dossier, se vistieron con traje y corbata —“éramos unos críos y queríamos aparentar más”— y se plantaron en Elche en busca de su sueño. Una de las empresas quiso apostar por ellos y la euforia se apoderó del grupo. Aunque enseguida se dieron cuenta de la dificultad de crear calzado. De los 18.000 euros que habían recogido entre todos, 12.000 se iban a hacer la horma del zapato, algo que luego no se puede vender.

– ¿Y tuvistéis suficiente con los 4.000 euros que os sobraban?

Solo nos quedaba dinero para 350 zapatillas y decidimos hacer 349. Las numeramos en el lateral de forma que cada zapatilla fuera única y que cuando se acabasen no las volviésemos a fabricar. Hicimos tres colores y dividimos esas 349 en tres grupos.

Las Pompeii se caracterizan por la combinación de colores

El poder de las RRSS

– Sin más dinero para invertir en comunicación, ¿cuál fue el plan?

Pensamos que podíamos usar las redes sociales, ya que no cuesta nada crearse perfiles. Miramos dónde hacían una pop up cerca de casa y encontramos una que por 300 euros nos dejaban un espacio. A toda la gente que nos seguía le decíamos: “Mirad estas zapas, qué guays”, y se las íbamos enseñando poco a poco. Y les animábamos: “Si las queréis, solo tendréis tres días para hacerlo”. Con esta expectación conseguimos que el día antes de vender hubiera 4.000 y pico seguidores y entre los dos primeros días se nos agotaron las zapatillas, porque había mucha más demanda que producto disponible.

– Y luego os fuisteis a Barcelona…

Sí, hicimos lo mismo en Barcelona. También se agotaron en dos días. Y todo esto lo trasladamos al mundo online, una página web en la que solo pudieras comprar durante dos días. En dos días había 600 pedidos. Esto es lo que nos dio el impulso para crecer. Nosotros estábamos acabando la universidad —de esto hace dos años—. Yo había entrado en una consultora, Nacho estaba en Londres, Cosme estaba acabando el trabajo de fin de grado y Jorge seguía en la facultad. Y lo que hacíamos era trabajar en nuestros respectivas obligaciones y el fin de semana cogíamos la furgoneta —de la empresa de catering de los padres de Jorge y Nacho— y nos íbamos a Barcelona a vender. Luego, el lunes, de vuelta al trabajo.

En ese momento, cuando vimos que habíamos conseguido vender unas 4.000 y pico zapatillas —unos 130.000 euros de facturación—, decidimos que queríamos crear una gran compañía. Dejé la consultora a los tres meses. Mi madre estuvo llorando por ello durante dos semanas. La irresponsabilidad es más fácil de llevar a esta edad, te ayuda a no ver tanto el riesgo, aunque para nosotros el riesgo era no tomar decisiones. Hemos pasado momentos muy malos, pero ahora ya somos 25 personas en la compañía y este año vamos a facturar dos millones de euros. Y todo ha sido autodidacta.

Pompeii triunfa tanto entre las mujeres como entre los hombres

En busca de su ADN

– ¿Cómo defines la indentidad de Pompeii?

Estamos en ello. Somos jóvenes, frescos e innovadores, pero aun nos queda. Creo que muchas compañías se equivocan cuando aun no tienen determinado su ADN y se esfuerzan en mostrar que sí que lo tienen. Esto se construye con el tiempo. Lo que sí te puedo decir es que somos una campañía digital y transparente.

– ¿Cómo mostráis esta transparencia?

Lo hacemos a través de nuestras comunidades en las redes sociales. Te voy a contar un ejemplo. Hicimos un concurso en el que regalábamos una zapatilla cada minuto durante una hora. Conseguimos 50.000 comentarios, creamos una gran comunidad. Tres meses después intentamos hacerlo para activar las rebajas. Dijimos que solo se haría si se llegaban a los 20.000 comentarios. Y comentimos un error, ya que coincidió con el día de las elecciones. No nos hizo caso casi nadie y solo conseguimos 8.000 comentarios. No está mal, pero fue un fale. Reconocimos que lo habíamos hecho mal y no activamos las rebajas. Pero les dijimos a nuestros seguidores que la habíamos fastidiado y que tendrían una sorpresa muy pronto.

– ¿Y esto gustó a vuestros seguidores?

Sí, agradecieron la transparencia de decir lo que realmente había pasado, en lugar de maquillarlo, que es lo que normalmente se hace. A la gente le gusta la verdad. A veces hemos tenido problemas con pedidos. Por ejemplo, en estas rebajas había muchas más zapatillas que estructura para mandarlas y tuvimos que pedir perdón porque se estaban retrasando los pedidos. Hicimos un Facebook Live para que la gente conociera quien está detrás de la marca y qué problemas habíamos tenido… Y esto es lo que te ayuda a construir marca, porque al final eres lo que enseñas. Y si lo que enseñas es de verdad…

– ¿Qué más os ha ayudado a llegar hasta aquí?

Intentamos mantener esa expectación que tan bien nos ha ido. Hacemos pocas unidades de cada modelo y estos, cuando se acaban, se acabaron. Sacamos muchos opciones y duran poco. Esta es la manera que tiene Pompeii de mantener dicha expectación. Es algo que va con nosotros, es nuestro ADN, que si quieres unas zapatillas nuestra tienes que correr. Hay productos que sí que se reponen, pero intentamos fabricar menos de los que se podrían vender.

También hay modelos más clásicos como este blanco y negro

– No queréis hacer venta física. ¿No creéis que os limitáis por ello?

Es verdad que restringes canales porque no vendemos en puntos fisicos y tampoco en Zalando, Amazon… Pero, al final, es tu elección de negocio que, aunque es más a largo plazo, tu objetivo es meter a gente en tu página web, y con eso estás creando tu propio universo. Ya no vamos ni a pop ups. Para posicionarse hay que renunciar a ciertas cosas, y tienes que aceptar que hay ciertos handicaps. Sabemos que perdemos mercado limitándonos al online, pero lo que hacemos es proponer cosas nuevas para que la gente pierda ese miedo que puede tener a la compra digital.

– ¿Como qué?

Por ejemplo, cambios y devoluciones gratuitas. Con nosotros puedes cambiarlas 365 días después de haberlas comprado. En vez de atención al cliente, tenemos algo que llamamos Happiness, que son las personas que atienden a los clientes. Queremos que estas personas queden contentas.

– Pero seguro que hay alguno que ha devuelto las zapatillas usadas…

Prefiero que de 100 personas una nos engañe y haya usado las zapatillas 365 días y se las cambiemos que perder esto. Realmente el porcentaje de gente que hace esto es tan pequeño que el valor diferencial que aporta es grande. Es mejor que te la cuelen dos jetas que a ofrecer un servicio peor porque existan esos jetas.

– ¿Cómo son vuestros compradores?

El perfil medio es gente entre 20/25 años, el segundo grupo es de 25 a 34. Y hay un nicho muy sorprendente: mujeres de entre 35 y 45 años. Son personas que buscan una zapatilla que tanto se la pueda poner alguien con cierto rollo o alguien más clásico y más bien pijo que quiere ir un poco más sport. Encaja en estos dos perfiles. Estos están dispuestos a gastarse entre 50 y 60 euros, y que confían en compañías digitales. Vendemos algo más a hombres que mujeres (60%-40%).

– Los que compran una vez, ¿repiten?

Sí. Tenemos una recurrencia muy alta por la rotación de producto que hacemos, por el precio y por el valor de marca. Confían en nuestra transparencia.

Todos los modelos de Pompeii tienen un toque sport

Pompeii en redes sociales

Pompeii tiene perfil en Facebook, Twitter e Instagram. Pero es en esta última en la que han conseguido más beneficios. El año pasado tenían 25.000 seguidores, ahora están en 84.000.

– ¿Habéis invertido mucho en social media?

Nuestra inversión de marketing la hacemos toda en medios digitales, como el Facebook Ads, pero no gastamos en publicidad en los lanzamientos, invertimos cuando el producto ya ha salido y, por tanto, cuando se pueda convertir. Pero la generación de expectación anterior se hace por nuestros canales y es totalmente orgánico. Y eso es gracias a la comunidad que se ha creado, que es una maravilla.

Chain Of Chaos. #pompeiibrand If You Receive an E-Mail From Us. Act Fast. #runwemove

Una foto publicada por POMPEII (@pompeiibrand) el

– ¿Habéis trabajado con alguna figura pública?

Hemos trabajado con muchas blogueras e influencers, les mandamos producto.

– ¿Y cómo ha sido la experiencia?

Es un sector que creo que se está profesionalizando, pero muy pocas son profesionales en cuanto a decirte qué puedes esperar tú, como marca, de ellas. Es decir, que te digan: “En esta foto voy a tener tantos likes y esto se te va a traducir en tantos seguidores y compras…”. No hay métricas, solo hay imagen. En Pompeii necesitamos saber cuál va a ser el rendimiento económico, para qué es, por qué es, qué puedo esperar.

– Entonces no ha servido de mucho…

Internet ha cambiado el mundo y aun lo hace. Nacen nuevas profesiones, negocios, servicios… y las influencers son uno de ellos. Y yo lo defiendo, porque hay algunas que ayudan a muchas marcas a vender. Esto tiene que ser pagado, porque no tiene sentido que ellas no cobren nada y tú estés ganando mucho dinero. Pero nosotros aun no hemos trabajado con ninguna que nos haya supuesto muchas ventas. Aun así, es un negocio más.  Si no se profesionaliza, las marcas lógicamente dejaremos de trabajar en él, y no me refiero a que sea gente seria, que ya lo son, sino que le digan a las marcas qué van a conseguir si invierten en ello.

Pompeii vende más entre los jóvenes, aunque también tienen éxito con las mujeres de 35 a 45 años

– Pero vosotros tenéis venta a través de las redes sociales, ¿no?

Qué más te da tener 400.000 seguidores, si no creas comunidad, si no te comentan, si no le dan al like… Es una tontería engañarse a sí mismo. El crecimiento de Pompeii es orgánico y nuestra comunidad es de verdad, los likes son de verdad, y eso se traduce en ventas.

– Un consejo tras esta gran experiencia…

No puedes querer cambiar el mundo y vivir como todo el mundo. Antes de emprender algo, que hablen con gente que les haga ser consciente de lo que eso les va a implicar y que una vez la tomen sean totalmente consecuentes con ella. O sea, que vayan de verdad a muerte, no vale ir a medias, porque si vas a medias, hay gente que va a ir a muerte y va a ir más rápido que tú. Lo importante no es tanto lo listo o inteligente que seas, sino de todo lo que vas a sacrificar para llegar donde quieres llegar. Ser consecuente con tus decisiones es el mejor consejo que he aprendido durante el camino.

Y hasta aquí la entrevista a Jaime. Me encantó conocer su historia de lucha y dedicación. La capacidad que han tenido sus socios y él mismo de llegar hasta donde querían con Pompeii, aunque todavía les queda un largo camino por recorrer. ¡Mucha suerte, chicos!

Espero que os haya gustado. Gracias por estar ahí y recordad que podéis seguirme en Facebook, Twitter, Instagram y YouTube.

Love,

Andrea

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Brand Name
Pompeii
Product Name
Pompeii
Price
EUR 50 euros
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Available in Stock

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